Temporada 3 de Lost, las pailas

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Siempre he dicho que sin una buena historia no hay nada. Lo dije cuando opiné sobre la horrible película Fuga, y lo vuelvo a repetir: primero que todo, se necesita un buen libreto. Segundo paso, narrarlo bien.

De hecho, en ese antiguo post precisamente destaqué lo bien contada que estaba la historia de Lost. Que mucho más que efectos visuales o secuencias revolucionarias, se trataba lisa y llanamente de buena narración.

Bueno, la semana pasada terminé de ver la primera parte de la tan esperada temporada tres de Lost, y no me queda otra que retirar lo antes dicho.

Lost y toda su buena narración se me fueron a las pailas.

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A principios de este año empecé a ver la primera temporada en Canal 13. Todavía me acuerdo, en parte, aunque no tanto de lo que ocurría en pantalla, sino más bien lo que pasaba fuera de ella. Me refiero al "gancho" ése que fanatizó a tantos como yo.

Temporada uno significaba ponerme ansioso todos los domingos cuando se acercaban las diez; era apurarme para estar sentado antes de que la serie empezara, prepararme religiosamente para una hora de tensión al borde del asiento. Temporada uno era ir conociendo todo un mundo de personajes e historias nuevas (siempre nuevas), era la emoción de ir descubriendo toda la mística incomprensible de la isla, y especialmente, era el placer de ver cómo se iba entretejiendo una historia en donde todo calzaba (o bueno, casi todo). Una historia que tenía sentido, que tenía un hilo conductor que la empujaba hacia algo.

Lost tenía un norte en ése tiempo. Entonces llegaba el corte, silencio, y todo se ponía negro. El logo, y los pelos de punta.

¿Saben qué de dónde nace eso, los pelos de punta? De la inquietud que significa saber que viene algo. Que algo va a pasar. Lo mismo que siente un niño cuando se acerca el 24 de diciembre, y lo mismo que uno siente cuando esa mujer especial te mira fijamente y te sonríe.

Eso se llama expectativa.

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Para mí, fue esa expectativa la que dejó de existir en esta tercera temporada de Lost.

Estos seis capítulos han sido el epítome de la descomposición de una gran historia. Es ver cómo J.J. Abrahms ha tenido que recurrir a los capítulos de relleno, esos que no contribuyen en nada al desarrollo de la historia (si es que, efectivamente, existió una en un principio). No hay que ser un genio para darse cuenta que la mayoría de los eventos, y de las historias detrás de los personajes empiezan a sobrar, porque en el fondo no hay una verdadera acción. La historia, a la larga, no se desenvuelve, y cuando empieza a hacerlo, quedan más cabos sueltos que nunca.

Como para que eventualmente, en unos tantos capítulos más, tengan material para seguir dando vueltas el carrete.

Y no me quiero meter en el tema del "estiramiento de la serie", de si estuvo bien o mal que hayan tomado la decisión de hacer no tres sino cinco (o siete?) temporadas. De hecho, cuando me contaron, obviamente pensé "esto se va a ir a las pailas" (y creo no haber sido el único). Pero después de unas vueltas en mi cabeza llegué a la conclusión de que no podía ser tan malo. Si hasta ahora los tipos habían demostrado que eran capos, que eran capaces de armar y contar una excelente historia, lo más probable es que habían previsto esa posibilidad en un principio. Que por eso habían dejado tantas cosas sin explicar.

Bueno, o no fue así, o simplemente la historia se las ganó. O quizás se las ganó el público, que a estas alturas espera tanto de ellos que ya no saben de qué forma impresionarnos. La verdad no sé.

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Lo que sí sé es que Lost terminó por perder esa magia que la envolvía. Ninguno de los nuevos capítulos realmente me enganchó, y definitivamente me terminaron por aburrir las historias pasadas de los personajes, básicamente porque a estas alturas ya sabemos quién es quién y qué quiere, y por lo mismo dejaron de ser un aporte a la historia de Lost. Para qué hablar de los pelos de punta y estar al borde del asiento. Cero coma cero.

Ahora es sólo un "y eso fue todo?"

Por último, ni hablar de este "corte" de la primera parte de temporada tres. Cuando finalmente y después de seis capítulos pasa algo de verdad, los tipos te tapan los ojos y te vuelven a dejar en el limbo. ¿¿Qué pasó con los tres meses que todos esperamos para saber qué cresta pasaba en la isla?? Puede que para algunos ese "corte" haya sido todo un acierto marketero, pero para mí es la evidencia de que Abrahms y compañía se han tornado incapaces de mantener al público cautivado con una buena historia, un capítulo por semana.

Eso ya ni siquiera es falta de narración. Es algo mucho peor: es una verdadera falta de respeto.

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