Junio 17, 2003
El último amanecer

Camino a mi universidad, día tras día, me topaba con un ciego que pedía limosna afuera de una estación de Metro. Por años lo miré al pasar, y de vez en cuando le daba una moneda. Hasta que un día me acerqué a él y lo conocí.
Este texto es el resultado de esa conversación. Así comienza.
El último amanecer (y el ocaso eterno)Para Juan no existe el amanecer. Sus días son eternamente negros. Y su vida se aferra a un par de monedas que cascabelean dentro de un vaso. Mientras, sus ojos bailan tratando de llamar la atención de un mundo que es aún más ciego que él.
Lee el texto completo aquí.
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